Mientras, intento salir del confort de mi saco, me aseo un poco y me voy al calor de la cocina. Huele a chapati recién hecho y a té. Yaddab, mi amable guía nepalí me ofrece como cada mañana una taza de té con leche especiado con jengibre, muy caliente. Disfruto cada sorbo mientras repaso el plan de la jornada de hoy…, un nuevo día ha llegado a este rincón profundo del Himalaya. Con el desarrollo de las rutas de trekking nacieron las “Guest House” que dan cobijo a los nuevos peregrinos de la montaña. Muchas de ellas surgieron de lo que fueron las antiguas “Chaikanas” o casas de té que tradicionalmente sirvieron a las caravanas de comerciantes y viajeros que, desde tiempos inmemoriales, atravesaban los senderos y valles entre Nepal y Tíbet. Otras son de nueva planta y todas ellas sirven a generaciones de caminantes. La cocina es simple, no hay concesiones de “gourmet” pero es reconfortante y sana. Sopas de ajo, de cebolla, de verduras, noodles, macarrones, los tradicionales “momo” tibetanos, empanadillas cocidas rellenas de verdura. Patatas fritas, huevos, tortillas, arroces fritos y cocidos, “pizzas” hechas sobre la base de un chapati…, variados tés, infusiones de jengibre y limón. Las familias nepalíes y tibetanas se afanan en las tareas, siempre con una sonrisa, al calor de la hoguera, en la cocina amable y organizada. Los niños juegan alrededor y algunos, los mayorcitos, ayudan en las tareas mientras algún bebé incluso duerme a pierna suelta en un rincón. Así, cada día, estas gentes entrañables y estos fogones de otra época nos sustentan en nuestro vagabundeo por las montañas.Himalaya de Lantang. Nepal. Noviembre 2018.Jerez, Diciembre 2018.

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