Estábamos exhaustos cuando llegamos a la hacienda “La Primavera”. Desde que hace varios días saliéramos de Salento, la idílica población rodeada de cafetales en las faldas andinas del Quindío, no había parado de llover.
Habíamos estado caminando en el nudo de montañas más salvajes que hasta la fecha había conocido, ese rincón del planeta donde se unen el Karakórum y las montañas del Hindú Kush.
Hemos llegado a Kasgar a través de una ruta legendaria y milenaria. El oasis de Kasgar es un cruce de caminos en el medio de los desiertos de Taklamakán y bajo las heladas cimas del Kongur y del Muztagh Ata.
L@s que me conocen saben de mi afición, casi "manía" de llevar cuadernos de viaje. Muchas funciones que antaño desempeñaba el cuaderno de viajes han quedado cubiertas con las nuevas tecnologías, pero aún hoy muchos viajeros (y creo que va en aumento) sentimos la necesidad de plasmar sobre el papel unas impresiones que ninguna cámara o artefacto electrónico digital sería capaz de retener.